
Actualizado el 01 de octubre de 2026 por el Equipo de traders-forex.com
Había acumulado una exposición a más de 11.000 millones de libras en renta variable japonesa. Nick Leeson
En febrero de 1995, un trader de 28 años destinado en Singapur hizo desaparecer Barings, el banco de inversión más antiguo del Reino Unido, fundado en 1762, que había financiado las guerras napoleónicas y contaba con la reina de Inglaterra entre sus clientes. Su nombre: Nick Leeson. Sus operaciones no autorizadas con derivados sobre el Nikkei abrieron un agujero de unos 827 millones de libras esterlinas (cerca de 1.400 millones de dólares), más que todos los fondos propios del banco.
Más de treinta años después, Leeson sigue siendo el más famoso de los «rogue traders», también llamados operadores deshonestos: traders que toman posiciones no autorizadas y ocultan sus pérdidas. Su historia se ha convertido en un caso de estudio en gestión de riesgos y en una advertencia muy concreta para cualquier trader, profesional o minorista.
Nicholas William Leeson nació el 25 de febrero de 1967 en Watford, al noroeste de Londres, en una familia humilde: su padre era yesero. Sin título universitario en aquella época, empezó su carrera en los departamentos administrativos de bancos de la City y entró en Barings en 1989, en el back-office, con un salario de unas 12.000 libras al año.
Tras una etapa destacada en Yakarta, donde resolvió un delicado problema de títulos pendientes de liquidar, fue enviado en 1992 a Singapur para crear y dirigir las operaciones de Barings en el SIMEX (Singapore International Monetary Exchange). Allí obtuvo permiso para operar sin dejar de controlar la liquidación y la contabilidad de las operaciones: ese fue el fallo que hizo posible todo el caso.
Oficialmente, Leeson hacía arbitraje: aprovechaba las pequeñas diferencias de precio entre los futuros sobre el Nikkei cotizados en Singapur y en Osaka, una actividad considerada casi sin riesgo. En realidad, tomaba posiciones direccionales cada vez más enormes.
Toda sala de mercados dispone de cuentas de errores, destinadas a aislar temporalmente las operaciones mal ejecutadas. En 1992, una empleada del equipo de Leeson vendió veinte contratos de futuros en lugar de comprarlos para un cliente, un error que costó unas 20.000 libras. En vez de comunicarlo a Londres, Leeson lo escondió en una cuenta de errores con el número 88888, ya que el 8 es un número de la suerte en la cultura china.
Esperaba poder borrar la pérdida con operaciones ganadoras antes de que la dirección se diera cuenta. Al principio funcionó, pero después la cuenta sirvió para ocultar otros errores de su equipo de traders inexpertos y, finalmente, sus propias pérdidas. Leeson reconocería más tarde que cruzó la línea del fraude casi sin darse cuenta.
Mientras tanto, gracias a la cuenta 88888 que absorbía todas las pérdidas, sus resultados oficiales parecían espectaculares. Leeson fue aclamado como uno de los mayores generadores de beneficios del banco y cobró generosas primas. Cuanto más lo elogiaban, más presión sentía para hacerlo aún mejor y más imposible le resultaba confesar la verdad. A finales de 1994, las pérdidas ocultas ya superaban los 200 millones de libras.
Para pagar las llamadas de margen, pedía cada vez más dinero a Londres inventando justificaciones. En sus memorias, Rogue Trader, cuenta que estaba tan estresado que llegaba a masticar los comprobantes en papel donde se anotaban las operaciones.
A principios de 1995, Leeson estaba muy expuesto al Nikkei. Había vendido en gran cantidad opciones de compra y de venta («straddles» vendidos), una estrategia que gana mientras el mercado está tranquilo pero que puede costar muy caro ante un movimiento fuerte. Al mismo tiempo mantenía enormes posiciones compradoras en futuros.
El 17 de enero de 1995, el gran terremoto de Hanshin golpeó Kobe y el Nikkei se desplomó en los días siguientes. En lugar de cerrar posiciones, Leeson hizo lo contrario: compró futuros de forma masiva, como si pudiera sostener él solo el índice japonés. Cada nueva caída multiplicaba las pérdidas.
Cuando las investigaciones internas, los auditores y el SIMEX se acercaban a la verdad, cometió sus fraudes más graves: registró una operación ficticia de 7.780 millones de yenes para cuadrar temporalmente su posición y, con unas tijeras, pegamento y una fotocopiadora, fabricó documentos falsos que le habían pedido los contables del banco.
El 23 de febrero de 1995, consciente de que no tenía salida, Leeson abandonó Singapur con su esposa Lisa dejando una simple nota de disculpa. Se refugió en Kota Kinabalu, en Malasia, supuestamente para celebrar su 28.º cumpleaños. Fue al leer el titular de un periódico en la tienda de su hotel cuando descubrió la magnitud del desastre: Barings entró en administración el 26 de febrero.
Intentó volver a Londres, pero fue detenido en el aeropuerto de Fráncfort el 2 de marzo de 1995. Tras varios meses de detención en Alemania, fue extraditado a Singapur, donde se declaró culpable. En diciembre de 1995 fue condenado a seis años y medio de prisión. Salió en libertad en julio de 1999 por buena conducta.
El precio personal fue muy alto: durante su encarcelamiento, su esposa le pidió el divorcio y fue tratado de un cáncer de colon, una enfermedad que él mismo relaciona con el estrés acumulado durante aquellos años.
Según su relato, a Leeson no le movía el enriquecimiento personal, sino la necesidad de mantener la fachada de éxito que había construido ante sus compañeros y su familia. No desvió dinero para sí mismo, más allá de los salarios y primas que cobró sobre la base de resultados falseados.
Leeson es el principal responsable y siempre lo ha reconocido. Pero un informe de las autoridades de Singapur subrayó que la dirección de Barings solo pudo ignorar el problema negándose obstinadamente a ver la verdad. Se sumaron varios fallos graves:
Los bancos tardaron en aprender estas lecciones. La mala comprensión de los productos complejos y los controles internos deficientes volvieron a aparecer en la crisis financiera de 2008, y otros traders han causado desde entonces pérdidas muy superiores: Jérôme Kerviel en Société Générale (4.900 millones de euros en 2008) o Kweku Adoboli en UBS (unos 2.300 millones de dólares en 2011). Descubra otros casos en nuestro dossier sobre las mayores pérdidas de los rogue traders.
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 25 de febrero de 1967 | Nace Nick Leeson en Watford (Reino Unido) |
| 1989 | Entra en el back-office de Barings en Londres |
| 1992 | Llega a Singapur al SIMEX y abre la cuenta de errores 88888 |
| Finales de 1994 | Las pérdidas ocultas superan los 200 millones de libras |
| 17 de enero de 1995 | Terremoto de Kobe y caída del Nikkei |
| 23 de febrero de 1995 | Huida de Singapur a Malasia |
| 26 de febrero de 1995 | Barings entra en administración |
| 2 de marzo de 1995 | Detención en el aeropuerto de Fráncfort |
| Marzo de 1995 | ING compra Barings por una libra simbólica |
| Diciembre de 1995 | Condena a seis años y medio de cárcel en Singapur |
| 1996 | Publicación de sus memorias, Rogue Trader |
| 1999 | Estreno de la película Rogue Trader con Ewan McGregor; sale de prisión en julio |
| 2005 – 2011 | Cargos directivos en el club de fútbol irlandés Galway United |
| Febrero de 2025 | 30.º aniversario de la quiebra; Leeson alerta públicamente sobre la desregulación financiera |
| Octubre de 2025 | Se convierte en asesor no ejecutivo de la fintech de gestión del riesgo HedgX |
Al salir de la cárcel, Leeson se instaló en Irlanda, donde volvió a casarse y estudió psicología. Entre 2005 y 2011 ocupó cargos directivos en el club de fútbol Galway United. Sobre todo se ha reinventado como conferenciante: habla en todo el mundo ante bancos, aseguradoras y empresas sobre gestión de riesgos, cumplimiento normativo y gobierno corporativo, contando su historia sin intentar justificarse.
En febrero de 2025, con motivo de los 30 años de la caída de Barings, explicó a Bloomberg su temor a que una ola de desregulación financiera, tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, vuelva a abrir la puerta a escándalos similares. En octubre de 2025 se incorporó a la empresa de tecnología de gestión del riesgo HedgX como asesor no ejecutivo, para aportar su visión sobre gobernanza y supervisión de riesgos.
Leeson sigue operando un poco, pero solo con su propio dinero. Se ha mostrado muy crítico con el bitcoin, al que ha comparado con una pirámide gigante, más como observador escéptico que como especulador.
Me gustaría que se me recordara por mis éxitos más que por mis fracasos, pero probablemente nada de lo que haga cambie eso. Nick Leeson
Un trader minorista no tiene una cuenta 88888 ni un banco detrás, pero los mecanismos psicológicos que hundieron a Leeson son los mismos: negarse a asumir una pérdida, querer recuperarse a toda costa y aumentar las posiciones a medida que la situación empeora. Así puede evitar convertirse en su propio rogue trader:
Limite la pérdida posible en cada operación a una pequeña parte de su capital, normalmente entre el 1 y el 2 %. Así un error sigue siendo un error y no una catástrofe.
Defina su nivel de salida antes de abrir la posición y no lo mueva nunca en sentido contrario para evitar asumir una pérdida. Es justo lo que Leeson nunca hizo.
Tras Kobe, Leeson compró cada vez más contratos para «recuperar» sus pérdidas. Aumentar el tamaño de la posición después de perder convierte una mala operación en la ruina.
Anote cada operación, ganadora o perdedora. No mirar de frente las propias pérdidas es la versión individual de la cuenta de errores oculta.
Para clientes minoristas, la ESMA (aplicada en España por la CNMV) limita el apalancamiento en CFD a 30:1 en los pares de divisas principales, 20:1 en los grandes índices y 2:1 en criptomonedas. Son máximos, no objetivos: compruebe siempre su exposición total.
Fíjese una pérdida máxima diaria o semanal. Al alcanzarla, pare, analice y retome con la cabeza fría, preferiblemente probando antes sus ideas en una cuenta demo.
El caso Nick Leeson no es solo la historia de un trader que mintió: es la de un banco que dejó que un solo hombre controlara sus propios resultados y que prefirió creer en unos beneficios demasiado buenos para ser verdad. Treinta años después, sus lecciones siguen vigentes: separar funciones, controlar los flujos de dinero y desconfiar de los rendimientos inexplicables. Para un trader minorista, el mensaje es aún más sencillo: una pérdida asumida a tiempo siempre cuesta menos que una pérdida oculta.
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