Actualizado el 02 de octubre 2026 por el equipo de traders-forex.com

Ningún trader triunfa de la noche a la mañana. Detrás de los nombres más citados suele haber un punto de partida muy alejado de las finanzas: una jubilada alemana sin estudios, un refugiado húngaro licenciado en filosofía, un ingeniero fascinado por los ordenadores. Estas son las trayectorias de Ingeborg Mootz, George Soros y Ed Seykota, sus métodos y lo que un principiante puede aprender realmente de ellos.
| Trader | Punto de partida | Inicio en los mercados | Método | Hecho destacado |
|---|---|---|---|---|
| Ingeborg Mootz (nacida en 1922) | Viuda, sin formación financiera | A los 75 años, en 1997 | Acciones alemanas centenarias compradas cerca de sus mínimos | Más de 500.000 € en unos 8 años |
| George Soros (nacido en 1930) | Refugiado húngaro, licenciado en filosofía | A los 24 años, en 1954 | Macroeconomía y reflexividad | Unos 1.000 millones $ con la libra en 1992 |
| Ed Seykota (nacido en 1946) | Ingeniero del MIT, familia inmigrante | Hacia los 24 años, en 1970 | Seguimiento de tendencias automatizado | Una cuenta de 5.000 $ llevada a 15 millones $ en 12 años |
Ingeborg Mootz nació en 1922 en Giessen, al norte de Fráncfort, en una familia numerosa y pobre. Casada muy joven, contó en muchas entrevistas una vida de privaciones: su marido controlaba el dinero de la casa, la consideraba incapaz de gestionar nada y se negaba a que se interesara por la bolsa. Ella, sin embargo, llevaba mucho tiempo pensando en ello.

Todo cambia con la muerte de su marido. Al ordenar sus papeles descubre 1.000 acciones del grupo energético alemán VEBA (convertido en E.ON tras su fusión con VIAG en 2000), que él había comprado sin decírselo. Según las fuentes, ese paquete valía entonces entre 40.000 y 60.000 marcos. Tiene 75 años, una pequeña pensión de viudedad y ningún título en finanzas: ese es su capital inicial.
Vende esos títulos con beneficio y compra acciones de dos bancos alemanes, que cede un año después con una ganancia cercana al 130 %. Trabaja sin ordenador ni plataformas de trading: el periódico de la mañana para las cotizaciones y el teléfono para dar sus órdenes. En unos ocho años su cartera alcanza 25.000 acciones y más de 500.000 euros. La prensa alemana la apoda «Börsen-Oma», la abuela de la bolsa, y la prensa internacional «Million Dollar Granny».
Su fortuna no cambió su vida diaria: siguió viviendo en el mismo pequeño piso de alquiler en Giessen y dio conferencias para animar a las mujeres a gestionar ellas mismas sus ahorros.
Ingeborg Mootz no es una trader en sentido estricto: compra acciones con dividendo y las mantiene durante meses o años. Su método, que describió en su libro «Der Börsenkrimi», se resume en unas pocas reglas:
Es un enfoque a contracorriente: comprar empresas sólidas cuando nadie las quiere. También le favoreció un periodo muy bueno para la bolsa alemana a finales de los años 90.
George Soros nació en Budapest el 12 de agosto de 1930 en una familia judía acomodada. En marzo de 1944 la Alemania nazi ocupa Hungría; más de 500.000 judíos húngaros son asesinados en pocos meses. Él tiene 13 años. Su familia sobrevive gracias a documentos falsos, que su padre facilita también a otras familias, y el joven George se hace pasar por ahijado de un funcionario del Ministerio de Agricultura.

En 1947, mientras los comunistas se asientan en el poder, deja Hungría y se marcha a Londres. Se paga los estudios en la London School of Economics trabajando como mozo en una estación de tren y camarero en un club nocturno. Se licencia en filosofía en 1951, obtiene un máster en 1954 y descubre el pensamiento de Karl Popper, que marcará toda su vida.
Un título de filosofía no abre las puertas de la City. Vende artículos de regalo por la costa galesa mientras escribe a los bancos de inversión londinenses, hasta que en 1954 lo contrata Singer & Friedlander. En 1956 se traslada a Nueva York, aprende arbitraje y análisis en varias casas de bolsa de Wall Street y después lanza su propio fondo, que se convertirá en el Quantum Fund.
El 16 de septiembre de 1992, el «Miércoles Negro», la libra esterlina se hunde frente al marco alemán y el Reino Unido tiene que salir del mecanismo de tipos de cambio europeo (MTC). Soros, convencido de que la paridad de la libra era insostenible, había vendido en corto el equivalente a unos 10.000 millones de dólares. Su ganancia: alrededor de mil millones de dólares, y un apodo, «el hombre que quebró el Banco de Inglaterra».
Transformó su fondo en un family office en 2011 y en 2023 cedió la presidencia de sus fundaciones, las Open Society Foundations, a su hijo Alex. A sus 96 años les ha donado más de 32.000 millones de dólares; Forbes calcula su fortuna personal en unos 8.600 millones de dólares en octubre de 2026.
Solo soy rico porque sé cuándo me equivoco.
Soros es un especulador «global macro»: analiza los fundamentales de un país (tipos de interés, inflación, balanza de pagos, política monetaria) y apuesta contra los desequilibrios que considera insostenibles.
Su marco de pensamiento es la teoría de la reflexividad: las percepciones de los inversores influyen en los precios, y los precios modifican a su vez los fundamentales. Ese bucle puede llevar un mercado muy lejos de su equilibrio, hasta un giro brusco. En 1992 pensaba que el Reino Unido, en recesión, no podría mantener los tipos altos necesarios para defender la libra.
Dos hábitos completan el método: apostar fuerte cuando la convicción es alta y salir sin esperar cuando el mercado le quita la razón.
Edward Arthur Seykota nació el 7 de agosto de 1946 en los Países Bajos y creció en Estados Unidos, adonde había emigrado su familia. En 1969 obtiene en el MIT dos títulos, uno en ingeniería eléctrica y otro en gestión en la Sloan School. Nada lo destinaba a los mercados, salvo su curiosidad.

El detonante es una carta de Richard Donchian sobre los sistemas mecánicos de seguimiento de tendencias. Contratado por una gran casa de bolsa, Seykota prueba desde 1970 sus ideas en un ordenador IBM de tarjetas perforadas, en una época en la que los traders decidían por intuición. Pone a punto uno de los primeros sistemas informatizados utilizados para gestionar dinero de clientes en los mercados de futuros.
Decepcionado al ver que la dirección ignoraba las señales de su sistema, se independiza. Según el libro «Market Wizards» de Jack Schwager, que lo hizo famoso, hizo crecer una de las cuentas de sus clientes de 5.000 a 15 millones de dólares en doce años. También formó a Michael Marcus, otro trader legendario.
Su sistema de trading automatizado se basa en un principio sencillo: seguir la dirección dominante de los precios. El programa detecta la tendencia, da la señal de compra o de venta y fija la salida, sin que intervengan las emociones del trader. Seykota opera sobre todo con futuros de materias primas, pero la lógica es la misma que en las divisas.
Sus primeros sistemas se inspiran en los trabajos de Donchian, en particular la regla de las 4 semanas y el cruce de medias móviles de 5 y 20 días, que adapta con medias móviles exponenciales. Seykota es un auténtico seguidor de tendencias. Las reglas que da en «Market Wizards» se han hecho célebres:
Da tanta importancia a la psicología como al sistema: para él, un trader rara vez pierde por culpa de su método, y mucho más a menudo porque no lo respeta.
Estas tres historias no dan una receta, pero sí marcan un orden lógico para empezar.
Aprenda cómo funcionan los mercados, las órdenes, el apalancamiento y las comisiones antes de arriesgar un solo euro. Soros pasó años aprendiendo el oficio en casas de bolsa antes de gestionar su propio fondo.
Quédese con un único enfoque, con reglas claras de entrada y de salida, y recójalo en un plan de trading. El método de Ingeborg Mootz cabe en una página.
Pruebe su método con dinero ficticio durante varias semanas. Seykota comprobaba sus ideas con datos históricos antes de aplicarlas: la cuenta demo cumple la misma función.
Limite el riesgo a una pequeña fracción del capital por operación, coloque un stop loss e invierta solo el dinero que pueda permitirse perder.
Anote cada operación, revise sus errores y cierre pronto las posiciones perdedoras en lugar de empeñarse. Es el punto en común más claro entre Soros y Seykota.
Estas trayectorias inspiran, pero no son representativas. Se cuentan los pocos éxitos y nunca los muchísimos fracasos: es el sesgo del superviviente.
Ingeborg Mootz empezó a los 75 años con un periódico y un teléfono. George Soros llegó a Londres sin dinero y con un título que nadie buscaba. Ed Seykota, hijo de inmigrantes, aplicó a los mercados lo que había aprendido en ingeniería. Ninguno de los tres tenía el perfil que se espera de un trader.
Lo que los une es la voluntad de aprender, un método que entendían por completo y la disciplina de mantenerlo, también a la hora de reconocer sus errores. Esa es la parte de su historia que cualquiera puede reproducir. Sus ganancias, en cambio, siguen siendo excepciones: es mejor inspirarse en su rigor que en sus cifras.
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